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Ben-Ami KOLLER
 
Jeanine RIVAIS - SMOLEC
 
Mi encuentro con artista Ben-Ami Koller fue determinante. Sin su exigencia, su generosidad y su benevolencia respecto a mí, me parece que la pintura jamás se me habría impuesto. Gracias a Ben-Ami Koller, Daniel Lacomme, Thibaut de Reimpré... Egon Schiele, Jackson Pollock, Joan Mitchell, André Marfaing, Antoni Tapies, Anselm Kiefer... Rustin, Ibrahim Shahda, Bernard Piga... Denys-Louis Colaux, Jeanine Rivais... Por su talento, su compromiso, su exigencia y su tenacidad, me permitieron elevarme. Este sitio les es dedicado. (Sylvie CAIRON).

 

 
Por el escritor Denys-Louis COLAUX
 
VETEADO NEGRA : oh sí, he aquí un universo violento y pictórico que profundamente me gusta, me gusta para su potencia evocatoria, su frenesí, su inquietud, su furor, su teatro negro y opaco, sus distorsiones y sus convulsiones. Me gusta esta obra para el grito espantoso, ensordecedor y magnífico que empuja sin reserva, este gran grito negro y crudo y total. Me gusta este modo de atizar las tinieblas interiores del ser, de abrir el espacio al aullido. De entrar en un tipo de fantástico del terrorismo intestino. Me gusta esta expulsión del grito, catártica sin duda para el artista y su regardeurs. Me gusta este tipo de rebelión negra. Quiero este estado de afirmación. Toda obra mantiene un informe con, aquí, es categórico, es soltado para traspasar. Quiero a todo este negro ardiente. Esta desesperación que sí sube hasta la cumbre. Esta fuerza. Esta protesta.
 
 
VETEADO COLOREADA : en la obra de Cairon, hay un sitio central para la vitalidad, el movimiento, la agitación, el démènement (neologismo útil, sin coquetería). El color, aquí, marca estos frenéticos chispeas de vida. Hay esta declaración poderosa de vida, la electricidad violenta de un principio de vida. Si la obra pronuncia un grande no, si está del lado de una actitud que ladra y grita vigorosamente contra las trabas, los dramas, los calvarios existenciales, está muy entera favorable para la vida, es con ella, totalmente comprometida. Anoto también que hay en casa del artista una aptitud formidable a la síntesis, a las rayas esenciales, a las nervaduras hasta del dibujo y de la pintura. Una eficacia temible. El arte de devolver la cosa a través de sus sístoles, su pulso, sus temblores.


Pero un sentimiento de gran melancolía se lee en la obra y la frecuienta. Una impresión de soledad, de aislamiento. El punzante y muy estético cara a cara (o la espalda en espalda) de estas altas criaturas de colores con sus sombras sobre fondos ocres y morenos lo demuestra. Sin embargo, estos seres de colores echados en el sombrío son también una afirmación extraña de la belleza y de la elegancia inhabitual. Sí, estas composiciones más apacibles pero muy singulares tienen un poder real de hechizo. Después de las formas revueltas y rebeldes, las rayas en crisis y en seísmo, Cairon se cuida un espacio en el sutil, en el matizado, en el delicado. Las cosas aquí parecen hacer una infusión, lucir despacio. El pulso fue más despacio. El soplo toma su tiempo. Percibimos un suspiro posiblemente. Una calma momentánea. Una gracia grave. Cairon crea un universo donde la poesía pictórica afirma todos sus estados. Participamos íntimamente en los flujos y a reflujo de la obra, a sus
ritmos.


Pero lo dijimos, aquí, en este universo, esto grita, esto aulla, esto se agita, esto combate, esto se bate a espada salvajemente. El ser está en sus ebulliciones, en sus fiebres. Aflicciones y descuartizamientos. Colecta frenética. Coloco sobre esto, porque presiento un parentesco, el poema del querido poeta louviérois Achille Chavée.

Je Me De De

Je me vermine
Je me métaphysique
Je me termite
Je m’albumine
Je me métamorphose
Je me métempsychose
Je me dilapide
Je n’en aurais jamais fini
Je me reprends
Je me dévore
Je me sournoise
Je me cloaque
et m’analyse
Je me de de
Je m’altruise
Je deviens mon alter ego
Je me cache sous les couvertures
Je transpire l’angoisse
Je vais crever madame la marquise

Y en estos aflujos violentos de colores, estamos también a los cuatro tipos de horizonte de las grandes catástrofes humanas, grandes derrumbamientos que van de la riña prehistórica a Auschwitz pasando por Verdún : todo fastuoso genio inventivo en materia de desastre es citado a comparecer. Estas bocas aulladoras y terriblemente deformadas por el pavor son que enloquece espejo de nuestro saliente catastrófico. No es dicho que nuestra especie sea concebida por el triunfo. El modo en el que el artista nos informa sobre eso es subjuguante. Y todavía no dijimos nada, a propósito de su arte violento, cuándo no habíamos dicho hasta qué punto alcanza la humanidad vibrante. Sí, me gusta así por esta razón formidable, que alcanza, en una desmesura poderosa, esta virtud rara y sublime que es la compasión.
 
RAÍZ DE UN ARTE : no puedo poner término a este pequeño artículo sin cantar, sin celebrar, sin alquilar de nuevo, en un entusiasmo incansable, las virtudes, las agilidades y la elocuencia de la raya de Sylvie Cairon. Esta raya dinámica, este modo de atrapar y de devolver lo esencial me colma de alegría. Es a la vez rudimentario y de una sofisticación farolea. Ingenioso como un abanico replegado que evocaría la luz, la palpitación, el calor de un día de agosto. Poner el bosque en el árbol, todo bosque en la silueta de un árbol.  A esta habilidad, este sentido poético me encanto. Estas comas, estos apóstofes, estas jambas humanas tienen algo ver con una caligrafía del pensamiento. Y es por la potencia evocatoria de esta puntuación formidable y humana que Sylvie Cairon pinta grandes páginas, páginas muy grandes que hojeo con las precauciones y las consideraciones debidas a las obras.
 
Denys-Louis Colaux
 
Por el artista Daniel LACOMME
 
El ejercicio de la pintura toma la energía pero lo da. ¿ Cuál es pues esta fuerza que irradía de figuras pintadas por Sylvie Cairon ? ¿ Cuál es esta energía que emana de eso, cualquiera que sea su sujeto, cualquiera que sea su técnica, tanto todo es figura en ella, hasta en el enfoque del paisaje de una escritura tan intensa e investida? El impacto inmediato del trabajo de Sylvie Cairon tanto en sus exposiciones, como en su taller, comienza con sus figuras en gran formato: qué sean solitarias o asociadas por tres, jugando entonces sobre la aproximación o el alejamiento (el suyo o el nuestro), y el ensayo de actitudes particularmente hieráticas. Figuras que vuelven a la vida gracias a una invención coloreada que parece aleatoria a la primera mirada pero que se impone muy rápidamente gracias a una expresión imaginativa y justa. Los personajes de Sylvie Cairon viven, en esta iluminación y esta materia muy sorprendente en su detalle, coulures, empastes, transparencias, velos, flochetages o glasis. En dibujo, las figuras en movimiento forman un bacchanale ilimitado como si el gesto del pintor corra de una hoja al otro por un camino largo de pintura, de una escritura a veces muy irisada por las tintas de color. Otro tema recurrente en casa de esta artista es el retrato. Figuras todavía, pero como salidas del silencio por su grito, tales las máscaras de la tragedia antigua. ¿ Pero Sylvie no es ella no actriz misma ? La monotipia por fin, parece estar en esta obra como el filón del mineral esencial y será tirado su diseño de las representaciones de su mundo interior. Esta técnica de la huella monotipia totalmente encuentraaquí su vocación de " mina para la imaginación ". De todo esto surge un " claroscuro del color " sugiriendo una manera de radiografía de la visión que proyecta esta presencia de seres improbables delante de nosotros, irradiando su drama - o su júbilo - pero ciertamente y ante todo su energía. 
 
Daniel Lacomme
Pintor de cuadros
antiguo profesor de la Escuela Nacional Superior de las Bellas Artes de París y de la Academia de verano de Niza
autor de la colección el Taller vivo
 
Por Jeanine RIVAIS-SMOLEC
 
¿ Diremos jamás bastante cuánto los traumatismos de la infancia acondicionan una vida de adulto ? Según una canción de Jean Ferrat, " Ninguno cura su infancia "! No el caso de Sylvie Cairon, creciendo frente a la personalidad de un padre dominador, y que, hasta no todavía adolescente, decidió agarrar por medio del cuerpo, las causas y las consecuencias de todas las huellas psíquicas accidentales que le afectaban. Así pudo transformar en fuerza su sufrimiento, haber sueños para "mañana". ¿ Sus sueños ? Pintar. Lo que le permitió confrontarse con su representación del pasado; describir cómo le basta un detalle ínfimo de una cara sobre la  tela, para hacer salir a flote " la emoción enterrada ". Comprender que vivió, en suma de la leyenda de la memoria, elaborada para ir por delante … Sus ventajas que han sido su curiosidad, su predisposición a la alegría, a la insumisión, su gusto de la desobediencia, su negativa de la resignación, su rebelión, su capacidad de hacer frente, coger las oportunidades, fabricar las ocasiones, observar, buscar … Y luego, el hecho de ser rebelde le permitió siempre " determinarse con relación a sí "... Parece bien que este tipo de autobiografía pintada constituye una forma particular de " la escritura de sí " y "cuento de vida ". Y, en su paso tan grave, si Sylvie Cairon pudiera exprimir una sospecha de humor - negro-, esto sería para decir casi habiéndose vuelto mutique frente a su genitor, el que le sea - genitora - que concede en lo sucesivo a sus criaturas masculinas, lo que define por la frase: " ¡ ya es hora de tomar la palabra " ! Decisión que no provoca el menor de las paradojas que caracterizan su paso : si todas las caras tienen la boca grande abierta, siempre son girados hacia la sombra. Como si su grito que se perdía en la nada, era forzosamente inaudible. ¿ Apostemos que cuando habrá venido de allí para girar sus caras hacia la luz, habrá dado un gran bote, hasta su convicción que, visto el bienestar que retira de su búsqueda y la potencia de su intención, que importa si " ninguno cura su infancia ", porque posiblemente no tiene ganas de eso verdaderamente? ¡!
 
Jeanine RIVAIS
 
Sólo en el corazón de la obra de Sylvie Cairon
por Stéphanie BARBA
 
La tarde de agosto, caliente, un poco aplastante, se encamina hacia la tarde, disminuye el paso del visitador. En medio de en ninguna parte, en la campaña profunda y punteada de prados y de espesos matorrales, decimos "bouchures", - tapan la mirada, contienen el paso de las bestias - la Torre de Vesvre, recientemente sacada del oubliettes de un pasado medieval, chispea al sol, insensible al tiempo que pasa, a los hombres que lo restauraron, nueva y de siempre. Dos "permanentes" me informan: " la exposición está en frente, en el granero ", su barbilla me lo señala, no dirán una palabra además, bendiré pronto su mutismo. Me dejan sólo atravesar el patio inundado de luz.. ¿ El granero? Una catedral. Sobre el umbral entre luz y penumbra, entre calor y frescura, es espacio y silencio, inmediatamente " en otro lugar ". Ningún mobiliario rompe el espacio, sólo, en el centro, un banco, en seguida, le invitará a una contemplación lenta. La mirada sube libremente hasta el armazón. Sobre las paredes de enlucido crudo, despacio rubios, los cuadros de Sylvie Cairon son tantas vidrieras, vidrieras ciegas. Hay que tener la vida y la esperanza enclavijadas al cuerpo para tener estas sombras y este fulgurances luminoso. La pintura es un lenguaje sin palabra, su vocabulario cubre todos los registros, todos volúmenes, las pausas como los trastornos, los cuchicheos como los gritos. Sin tener enderezarse, el pintor puede decir lo que tiene de más profundo, de más enterrado, de más secreto, de más aullador. Sufrimiento del alma, sufrimiento del cuerpo: " parirás en el dolor ". Omnipresente, triunfante, indisolublemente atada a la muerte, la vida mancha las telas sombrías de Sylvie Cairon. Es dolor, enfermedad, pero tanto enfantement, impotencia pero sino que tamaño. Altas, verticales sobre sus telas, las siluetas, más sugeridas que dichas, bordean sus sombras, sus duplicados, sus fantasmas, sus incertidumbres, quedan invictos. Están de pie, tristes sin duda, pero jamás prostradas. El visitador no deja intacto este universo, él mismo sale de eso o sea chocado, horrorizado, o sea dilatado, sumergido en la meditación, reenviado hacia lo que tiene de más profundo, de más precioso, de más grande, pero también por lo menos dicible. A la vez consagrada y humana, la obra de Sylvie Cairon hace en cada uno su camino. El visitador tampoco no ha sido invitado a de indecentes confidencias, su intimidad no ha sido violada. El dolor no es un tema de conversación. Unica una grande padronanza della tecnica permette a Sylvie una tale eloquenza senza parola.
 
Stéphanie Barba
 
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